La Dialéctica de la Competencia Parte I

La Dialéctica de la Competencia Parte I

“El principio de la competencia individual es el fundamento económico de la cultura moderna. El individuo aislado debe luchar con otros individuos del mismo grupo, procurando superarlos y, muchas veces, apartarlos de su camino.”

Karen Horney

¿Patrones culturales ó dictatoriales?

En la actualidad devenimos en una cultura / sistema que tiene un sin fin de creencias culturales: “ser fuerte”, “ser el mejor”, “ser el número uno”, entre otras. Es así que competir se ha vuelto un mandato, un modo “lógico” de relación. Occidente motiva y promueve que tener la razón es sinónimo de ganar o estar por encima del otro ¿qué pasa entonces cuando no tenemos la razón? ó ¿para que quisieramos tener la razón? Será por poder, reconocimiento, o en última instancia por un profundo miedo a perder nuestra seguridad. Curiosamente estamos en la carrera del tener que saber, con una muy escasa comprensión, pareciera la carrera de ver quien cuenta con la mayor información para tener la primacía de la razón. Recordemos que el aprendizaje no es tan sólo saber, sino también la comprensión para poder hacer. Desde este lugar es complicado y poco probable que surja un modo basado en la colaboración alimentado desde la confianza, respeto y cuidado hacia el otro, dado que todos están en la lucha por establecer su “razón”.

Fernando Huanacuni Maman, en su libro Una Buena Vida destaca: “En el sistema educativo actual, desde el ciclo inicial hasta la educación “superior” se enseña, se afirma y reafirma la competencia, en una carrera en la que hay que ganar aún a costa de los demás y no se contempla, sin considerar la posibilidad de complementarnos. Sin embargo, para que algunos puedan “vivir mejor” millones y millones tienen y han tenido que “vivir mal”. Esa es, como lo entiendo, la paradoja o “parajoda” capitalista.

A través del principio basado en la competencia donde “ganar no es todo, es lo único”, gana la lógica del privilegio y del mérito propio y no la necesidad real comunitaria de la organización, la existencia de un ganador implica que haya muchos perdedores y eso significa que para que uno esté feliz, muchos tienen que estar tristes.

En las organizaciones y en el mundo laboral pasa algo similar con este fenómeno, por un lado estamos habituados para operar bajo el sistema de competencia siendo premiados cuando cumplo con los indicadores aceptados por la organización, pero por otra parte, te piden que seas colaborativo, y son muy pocas o casi nulas las organizaciones que manejan indicadores en conjunto por el bienestar del grupo. Al parecer las bonitas palabras de la mayoría de las organizaciones que hablan de cooperación y colaboración, sólo son bonitas palabras y no quedan plasmadas en políticas e indicadores para buscar resultados de manera colectiva.

Recordando un fragmento de Humberto Maturana nos dice: “Si se vive en la competencia, se vive en la negación del otro”. Se cree que la competencia es el motor del progreso, el motor evolutivo. ¿Será cierto? ¿Será el único modo o quizás es el único modo que conocemos hasta hoy? Al competir, dado que estas fijando tu mirada en lo que el otro hace o tiene, el otro determina lo que tu haces, volviendote esclavo en función de todo lo otro, con cierto tipo de escasez y deterioro en el criterio propio. Parece contradictorio que compitamos en búsqueda de ser mejores que los otros, y sin embargo terminamos siendo esclavos de ese otro, vaya contradicción.

La Dialéctica del Amo y el Esclavo en Hegel ¿amos o esclavos?

Para detallar un poco más lo anterior acerca de las contradicciones del sistema basado en la competencia, vayamos a observar la Dialéctica del Amo y el Esclavo que postula el Filósofo Alemán G.W.F. Hegel. La dialéctica es el arte de persuadir, debatir, y razonar ideas diferentes. En un discurso consiste en la contraposición de una idea, entendida como tesis, y las contradicciones de las ideas debatidas son conocidas como antítesis, y de la unión de ambas surge la síntesis como una nueva resolución o propuesta del tema.

La Dialéctica del amo y el esclavo en Hegel se origina en tres momentos, vayamos a darle una mirada muy concreta:

¿Serás el amo cuando estás operando desde la competencia, o quizás seas el esclavo que reacciona conforme a los otros? A decir verdad, siempre seremos amos y esclavos de “x”, sin embargo no es lo mismo ser un esclavo consciente que inconsciente, cuidado de aquel que crea que es el amo, porque se juega su propia esclavitud. ¿Cómo se da esto en la relación con tus colaboradores?

Competir ¿Acto Racional o Irracional?

Regresando a la premisa planteada desde el inicio, “La primacía de la Razón”, vale la pena preguntarse si colaborar desde el competir es un acto racional o irracional. Quizás ante una primer mirada, la competencia sea racional; sin embargo ante una mirada más profunda, no es racional seguir los valores impuestos por otros sin apelar al conjunto de los colaboradores. ¿Habrá algo de racional seguir los patrones sin detenerte a reflexionar en porque haces lo haces?

La Síntesis “apuntando hacia un estilo colaborativo”

De acuerdo a lo anterior, desde la competencia nos negamos a nosotros mismos y deterioramos nuestro propio sentido, criterio y aprendizaje. La pregunta es ¿será posible otra manera de relacionarse o vincularse? ¿cómo hacerlo?.

Te comparto los siguientes puntos que te ayudarán a promover la colaboración:

  1. Aprender a escuchar y respetar el derecho del otro a elegir, ya sea Si, No y No sé. Esto aportaría aprender a estar de acuerdo que estamos en desacuerdo, no porque el otro piense distinto a mi, significa que está en contra nuestra. Los colaboradores a veces confunden que estar confrontados en opinión significa estar enojados, y confrontar simplemente es pensar distinto. El gran aprendizaje en este caso sería colaborar para el bien del colectivo a pesar de nuestras distintas opiniones, ese es el desafío. Este es un fenómeno latente en las organizaciones y otros sistemas, no hemos aprendido a convivir con saberes, posturas y opiniones distintas a las nuestras, en vez de sumar y poder integrar ideas efectivas para el bien del colectivo, se empeñan en aplastar o desvalidar la idea del otro. Como diría uno de mis maestros, Aldo Calcagni: “En el acto de declarar mis derechos, permito que declaren sus derechos”
  2. Mi opinión o mi razón es sólo una interpretación, no es una verdad o saber absoluto. A causa de nuestro sustrato occidental, o corriente de sentido cultural como lo veíamos a principios de este escrito, nos hemos venido formando en una corriente donde impera la primacía de la razón, esto puede causar en lo individual, que difícilmente queramos abandonar nuestras explicaciones que nos sirven para darnos cobijo y no quedar expuestos en la nada. Comenzar a aprender y ejercitar esta categorización, puede marcar la apertura que tú puedas incorporar para escuchar el saber de los demás y no quedarte atrincherado en tus respuestas creyendo que son las únicas, a esto le pudiéramos llamar el fenómeno de ir gestionando la luz de la humildad vs la sombra de la arrogancia. Así que manos a la obra, no demerites las otras ideas en su totalidad y por contraparte no demerites tus ideas en su totalidad, a INTEGRAR. “Lo que sabemos no proviene de lo que sabemos, proviene en cómo escuchamos lo que aún no sabemos”
  3. El aspecto sistémico de la organización también es de suma importancia al igual que el individual, así que no olvidemos las políticas que fomenten la colectividad para el bienestar común del equipo (ventas totales por zona, compensaciones por metas en equipos, etc.). Recordar que en esta cuestión sistémica los colaboradores hacen al sistema y a su vez también los sistemas hacen a colaboradores, es una díada inseparable. Para desarrollarlas, podrían hacerlo el mismo consejo de toma de decisiones o el colectivo de colaboradores ya sea departamental o interdepartamental. En nuestra experiencia ejecutando programas de cambio cultural y organizacional, hemos sido testigos que cuando las políticas se desarrollan en conjunto con el colectivo y no solamente por el consejo, cobran mayor sentido, responsabilidad y pertenencia. Por último, en este punto, lo que propongo es integrar políticas e indicadores colectivos que perseveren el bien común de la organización, junto con los indicadores individuales esenciales que guarden los resultados personales esperados por la organización.

Te invito a que reflexiones sobre este tema, que puedas originar tus propias conjeturas y confrontes tu manera de pensar, al final el privilegio de no contradecirse les pertenece a los sordos y a los muertos.

Jesús Carvajal Mtz.

Coach Ontológico & Organizacional

jcarvajal@aprending.com.mx

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