Más allá del feedback en la organización “aprendiendo juntos”

¿Porqué Coaching “Ontológico”? Una mirada a la esencia del coaching ontológico

Partamos con una pregunta: ¿Qué está realmente en juego con todos estos cambios y transformaciones cada vez más rápidas que están ocurriendo en nuestra época? ¿Sólo es una transformación de las técnicas ¿el nuevo iPhone, con nuevas capacidades? ¿O trasformaciones del clima, por el cambio climático? ¿O nuevas variantes de la economía? Algunos filósofos y pensadores están convencidos que lo que está en juego en nuestra época es la naturaleza del ser humano mismo. Que estas trasformaciones no sólo afectan a distintos quehaceres, sino nuestro ser mismo está siendo cuestionado, y quizá transformado.

Y esto nos lleva a nuestra segunda pregunta: ¿Qué es lo propio del ser humano? ¿Qué es lo que propiamente nos constituye como los seres que somos? Y la que se deriva de ella: ¿Qué es lo que tenemos que cuidar, para no dejar de ser los seres que somos?

Desde hace siglos, y en todas las culturas, los seres humanos han respondido a esta pregunta. En Occidente una primera respuesta la encontramos en el mundo griego: los hombres somos los animales racionales. Compartimos con los animales nuestra naturaleza, pero tenemos una diferencia propia, solo nuestra, que nos constituye en los seres que somos: la racionalidad. Es decir, que podemos acceder a la naturaleza propia de las cosas a través de nuestro pensar, de reflexionar, del pensar lógico. Mas adelante, en la época medieval, Occidente acentuó el carácter de “seres creados”, de creaturas, hijos del mismo Dios. Y, por tanto, hermanos con otros seres humanos. De allí surge nuestra manera de relacionarnos con ellos: la ética, la política, la economía, la ciencia y la religión, por mencionar algunos aspectos de la vida de los humanos. El mundo moderno, con Descartes, trajo una nueva interpretación de qué significa ser seres humanos, como comportarnos entre nosotros, con el mundo: somos Sujetos. Y el mundo, y las cosas del mundo son objetos. El mundo y sus cosas están ahí, para nuestro uso. Y como sujetos, tenemos características como el libre albedrío, la racionalidad y la capacidad de usar los objetos para nuestros propios fines, etc.

¿Es esta interpretación suficiente para hacernos cargo de los desafíos que plantea nuestra época? Desde principio del siglo XX aparecen estudios acerca del modo de ser de los seres (“ontologías regionales”) de mano de filósofos y científicos, que descubren que hay particularidades de ciertos seres, que no son compartidos por otros. Por ejemplo, desde la matemática (y la filosofía de las matemáticas) surgen nuevas interpretaciones acerca de la naturaleza de los números, de la cantidad, de la espacialidad, se crea la teoría de conjuntos, etc. Y aparece cada vez con mayor claridad que esa región de seres no tiene relación con otra región, como puede ser la de las obras de arte ¿qué constituye una obra de arte, a diferencia de una obra de artesanía? ¿o la región de los seres vivos, en comparación a los seres inanimados? ¿es la biología una mera continuación de la física y la química? Y de allí surge la pregunta: ¿Hay una región de ser que nos caracteriza específicamente a los seres humanos?

Husserl, Heidegger, el movimiento existencialista francés, (Sartre, Merleau- Ponty, Simone de Beauvoir, Camus) y la serie de filósofas y filósofos, pensadores de la cultura de la segunda mitad del s.xx y el comienzo del s.xxi (desde la filosofía continental europea, latinoamericana, pero también la filosofía de origen anglosajón) se han hecho cargo, de diversas maneras del tema. Y parece cada vez con mayor claridad para pensadores y divulgadores (por ejemplo, el éxito que han tenido las obras de Yuval Noah Harari) es que lo que verdaderamente está en juego no es ésta o aquella tecnología o innovación sino nuestro modo de ser en el mundo. Pero, ¿Qué lo caracteriza? ¿Qué es lo propio de los seres humanos? ¿Hay un consenso?

Si quisieramos mencionar algunos aspectos en que la mayoría de estos autores coincide, podríamos mencionar: a) pareciera, en primer lugar, que consideran que los seres humanos habitamos un “mundo” y que este no es comparable a un mero “medio ambiente”, y pareciera que este es más que una cultura especifica, sino que nos circunda, nos precede, habitamos en él. b) pareciera ser esencial y único de nuestro modo de ser, el ser finitos. El tener clara conciencia que somos mortales. No sólo que fenecemos (como podria ser una conciencia animal), sino que morimos, que todos nuestros proyectos están marcados por el signo del término, de la finitud. c) Eso lleva a considerar el modo como habitamos el tiempo como una señal distintiva de lo humano: vivimos con una referencia al pasado y al futuro que nos es propia, aunque diversos autores y corrientes propongan diversas maneras de comprenderlos y enfrentarlos. d) Y siendo habitantes de un mundo abierto, y en el tiempo, una de nuestras tareas más propias es tener que responder a la pregunta por el sentido: ¿qué estoy haciendo con mi vida? ¿qué significa una buena vida? ¿para qué estoy aquí? ¿tiene la vida un sentido ya dado que tengo que descubrir o tengo que invertarme uno? e) Y esto nos lleva al tema de la Libertad: tengo que hacerme cargo de mis elecciones; no sólo de aquellas “superficiales”¿Coca o Pepsi? sino ¿quién elijo ser? Es decir, somos animales que tenemos que crear nuestro sentido.

Todo esto nos conduce a la pregunta por el coaching ontológico. ¿Es el coaching sólo una herramienta más para lograr más efectividad en mis acciones? O es una nueva práctica que se hace cargo de conectar mis prácticas con el modo de ser más propio de los seres humanos, que de esa manera estoy respondiendo a las preguntas por el sentido; que de alguna manera estoy centrado en lo que significa ser seres humanos, y desde allí proyecto mi actuar en el mundo. Este modo de acercarnos a las preguntas es lo que llamamos el trasfondo ontológico del coaching ontológico. Que no acaba en una mera finalidad propia de un resultado, sino está dirigida al despliege del modo de ser que somos (exsistencia) y sus posibilidades.

Cabe destacar que el coaching ontológico profesional no trabaja con categorías previas para otorgar diagnósticos o respuestas. No es PNL (Programación Neurolingüística). Tampoco es consultoría. Ni trabaja con enfermedades o patologías mentales. No es una disciplina que otorgue o dirija respuestas acerca del cómo hacer distintas cuestiones. Tampoco es autoayuda, dado que no damos respuestas milagrosas ni rápidas. Nuestra radical diferencia es que no imponemos la dinámica de lo obvio, es decir, no imponemos lo “normal que se debe hacer” o lo que “se dice” que se tiene hacer. De hecho, partimos de poner al ser en libertad, y eso significa no decir cómo las personas deben vivir.

Aldo Calcagni

Phd en Filosofía & Organizacional

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