Más allá del feedback en la organización “aprendiendo juntos”

Tiempo de Ser.

Septiembre 2019

Tiempo de Ser, lleva consigo el objeto de otorgar una mirada crítica sobre el discurso cultural y sobretodo al fenómeno de: “tienes que ser alguien”.

Comienzo esta introducción preguntandome ¿Qué querrán decir cuando vulgarmente alguien dice “tienes que ser alguien”? Me pregunto también, si acaso por casualidad, algún familiar, amigo o conocido, les ha dicho la famosa declaración “tienes que ser alguien”. Por lo menos a mi, me ha ocurrido la cantidad necesaria de veces para ya no poder acordarme del numero exacto. Sin embargo ¿Qué significa ser “ese” alguien? ¿Quién es “ese” alguien?... Que alguien por favor me lo presente, que lo deseo conocer con gusto dado que aún no lo conozco, ¿no se si usted lo conozca? Por tanto ¿Si no soy “ese” alguien quien soy?... ¿”Ese” alguien acaso no es una fantasma discursivo solamente presente como mandato cultural epocal? ¿Si, si? ¿Dónde quedo yo cómo otro distinto, se podrá? ¿Hay individuación? ¿Qué acaso, tener que ser “ese” no es un discurso totalitario? ¿Se acepta el otro como distinto bajo este discurso? ¿Se constituyen existencias autenticas o se existe de una manera inautentica, es decir impropia? Este ensayo parte de poner al ser en libertad, y que sepa arreglarselas críticamente ante la tremenda ambigüedad conceptual y pensar por si mismo, es decir, poder separarse del discurso de la masa y construir su discurso con propiedad. El marco teórico desde donde pretendo abordarlo son desde los planteamientos de Martin Heidegger y Emmanuel Levinas.

El uno heideggeriano (Das Man) y la existencia inautentica en el “tener que ser alguien”. Recordemos que le postulado de el uno heideggeriano, parte del enfoque fenomenológico y del punto de partida de la analítica del Dasein (es decir, el ente que cada vez somos nosotros mismos, en terminos práticos: el ser humano) consiste en buscar describir a dicho ente a partir de su existencia cotidiana. En ella, Heidegger destaca que nuestra relación primaria con el mundo y con los demás es de tipo “pragmática”, en el sentido de que estamos ocupados (Besorgen) con los entes (útiles en el modo del ser-a-la-mano), buscando realizar las tareas y proyectos en los que nos encontramos inmersos. Sin embargo, estos entes también nos remiten a otros entes que comparecen en nuestro mundo: se trata de otros seres humanos con los que existimos (Heidegger y hablara de “co-estar” [Mitsein] y “co-existir” [Mitdasein] con ellos). Y los demás se manifiestan en estas tramas remisionales y de ocupación en cuales ellos también se encuentran inmersos.

En esta condición en la que el Dasein (ser humano) siempre se encuentra ya inmerso con los demás, Heidegger considera inherente esta condición existencial a las relaciones que el Dasein (ser humano) mantiene en su cotidianidad. En esta base ontológica pre-reflexiva ocurre un acto de dominación. Sin embargo, esta dominación no es de alguien en concreto, sino el Das Man (“el Uno” o la masa), existencial que constituye quién es cada Dasein (ser humano) en la existencia cotidiana (que para Heidegger se caracteriza por ser impropia).

Finalmente, y este es uno de los puntos centrales de este proyecto, el uno heideggeriano o la masa, o dicho a la manera de este proyecto como el “tener que ser alguien” , que es un discurso que esta en la masa y que el Dasein ya esta en, inmerso ahí, impide que el Dasein (ser humano) se interprete de manera adecuada o propia. Es decir, el uno, ese proposito de “tener que ser alguien” le da al Dasein un quién, una interpretación de quién es y con eso al Dasein (ser humano) se le encubre lo que él es. Se encubre su modo peculiar de ser y su propia mismidad (su sí-mismo [Selbst]). Cayendo en una existencia impropia.

Es importante mencionar, para Heidegger nunca hay un desocultamiento pleno ni total del ser y de las cosas mismas (lo ente). Lo que hay son ocultamientos y desocultamientos. No podemos definir al Ser, podemos definir a los entes (porque están acabados y definidos ellos mismos), pero el Ser está todavía por ocurrir y no podemos reducirlo a la verdad de lo ente, en síntesis, el ser siempre esta sucediendo. Por ello, este ensayo, a través del pensamiento de Heidegger invita a aprender a experimentar la esencia del pensar y, para ello, hay que librarse de la interpretación técnica del pensar, y no quedar reducidos al significado de “tener que ser alguien” que al final ese “alguien” termina siendo un gran otro que no es nadie, que nos deja sin capacidad de ser propiamente hablando. Al final, lo que considero prudente, es en exponer críticamente que el Dasein si bien no puede separarse en su totalidad de el uno (Das Man), al menos si puede pensarse a sí mismo desde una distancia crítica. Es decir, ganarse cada vez el mismo, de hecho ese es el trabajo de la libertad.

Por otra parte ¿Existe alteridad en el “tener que ser alguien”. Para Levinas, la totalidad es cuando se unifica el pensamiento de un país, organización, o cualquier sistema social. Es decir, un lugar donde ya esta dicho todo, donde no cabe nada mas, donde la verdad es esa totalidad y no hay apertura al otro. Donde justo no hay alteridad, y no hay derecho de interpelar-nos, de esa manera es un “es” y no un “siendo”, porque justo cuando se cuestiona la totalidad sale expulsado el otro, borrado, anulado y mutilado de su ser. Al parecer, donde todo ya “es”, da pie a que se clausura el ejercicio del pensamiento y la propia existencia ¿Que acaso el “tener que ser alguien” no es un discurso totalitario?

En cambio el concepto de “infinito” de Levinas, se propone una relación con el otro que sobrepasa cualquier totalidad, sin tratar de reducir al otro a ser desde la totalidad del discurso ¿Qué acaso hoy no se reduce al otro a “tener que ser alguien”? En cambio sería permanecer abierto a la posibilidad de un “siendo” no sujeto a un discurso totalitario del deber ser. Dado lo anterior, el otro nos aparece como una ampliación de posibilidades, en una alteridad donde el otro me constituye sin dejar de ser yo mismo, como una defensa de la subjetividad más allá de la protesta y fundado en la noción de lo infinito como idea y producción (permanecer siendo con el otro). Entonces ¿Desde el discurso “tener que ser alguien” como nos podemos complementar? ¿Se podrá? Lo que visualizo bajo el pensamiento de Levinas es que el otro bajo el discurso del “tener que ser alguien” no se nos presenta como legitimo otro, es decir, como un otro en su libertad de posibilidades de ser, y de nosotros también de ser con el. En cambio se nos presenta como una negación y viceversa, dado el totalitarismo del discurso que no da cabido para algo distinto. Me pregunto ¿Cómo impactara esto en la colectividad de cualquier sistema social? ¿Habrá, y de que manera será?

Concluyendo, algo sumamente importante, es que el tener que “ser alguien” impone la dinámica de lo obvio, es decir, impone lo “normal que se debe hacer” o lo que se dice que se tiene hacer y ser. En este último punto, es donde se encuentra la principal brecha crítica, dado que en último termino, lo que se dice que se debe ser, no pone al sujeto en una capacidad crítica para saber determinar sus elecciones, es decir, sus elecciones son impuestas por ese “gran otro” que al final no es nadie, sino un discurso normativo, maniqueo e infantil de la sociedad que promueve en esta modernidad la maquinización del sujeto, en vez de la humanización.

Hoy en la actualidad, el discurso del “tener que ser alguien”, lejos de desarrollar libertad, esta creando esclavitud. Concluyo que habitamos en un gran colectivo donde somos una pluralidad de singularidades. Es decir, creemos que el ser (la existencia) siempre está más allá de cualquier palabra o concepto estructuranete de la subjetividad, y que siempre está aconteciendo. Y que justo bajo el discurso de “tener que ser alguien” lo que menos existe es tiempo para ser.

Jesús Arturo Carvajal Martínez

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